西语助手
2023-02-23
¿Qué pasa después de la muerte?
¿Hay un paraíso donde descansar?
¿Un tormento eterno?
¿Un renacimiento?
¿O tal vez solo la nada?
Bueno, un emperador chino pensó que independientemente de lo que hubiera en el más allá,
más vale llevarse un ejército.
En 1974, unos agricultores que cavaban un pozo cerca de un pequeño pueblo tropezaron con uno de los más importantes hallazgos arqueológicos:
grandes cámaras subterráneas que rodeaban la tumba de aquel emperador,
con más de 8000 soldados de terracota de tamaño natural listos para la batalla.
La historia empieza con Ying Zheng,
que llegó al poder como rey del estado de Qin a los 13 años,
en el 246 antes de Cristo.
Ambicioso y despiadado,
se convertirá en Qin Shi Huandgi, el primer emperador de China después de unir sus 7 reinos en guerra.
Su reinado duró 36 años y vio muchos logros históricos,
incluido un sistema universal de pesas y medidas,
un solo alfabeto estandarizado para toda China,
y una barrera defensiva que más tarde se conoció como la Gran Muralla.
Quizás Qin Shi Huandgi dedicó tanto esfuerzo a asegurar su legado porque estaba obsesionado con su mortalidad.
Pasó sus últimos años empleando a alquimistas y llevando a cabo expediciones en busca del elixir de la vida para alcanzar la inmortalidad.
Ya en el primer año de su reinado,
empezó la construcción de una enorme necrópolis subterránea llena de monumentos, artefactos,
y un ejército que lo acompañara en la otra vida,
donde continuaría su gobierno.
Este magnífico ejército sigue en pie en formación de batalla precisa y se divide en varias fosas.
Una contiene un cuerpo principal de 6000 soldados,
donde cada uno pesa varios cientos de kilos,
una segunda fosa cuenta con más de 130 carros de guerra y más de 600 caballos,
y la tercera alberga a los altos mandos.
Una cuarta fosa vacía sugiere que el gran proyecto no se terminó antes de su muerte.
Además, las cámaras cercanas contienen estatuas de músicos y acróbatas,
trabajadores y funcionarios del gobierno y varios animales,
lo que indica que el emperador Qin tenía más planes para el más allá que solo librar guerras.
Todas las estatuillas están esculpidas en terracota,
un tipo de arcilla de color marrón rojizo.
Para construirlas, varios talleres y más de 720 000 trabajadores fueron empleados por el emperador,
incluidos grupos de artesanos que moldearon cada parte del cuerpo por separado para construir estatuas individuales que correspondían a los verdaderos guerreros del ejército del emperador.
Están hechos según sus rangos y cuentan con diferentes armas y uniformes,
peinados y expresiones distintas e incluso orejas únicas.
Cada guerrero fue pintado en colores brillantes,
pero su exposición al aire hizo que la pintura se secara, cayera
y dejara al descubierto la terracota.
Es por esta misma razón que otra cámara, a menos de 2 kilómetros de distancia no se ha excavado.
Esta es la tumba real de Qin Shi Huangdi,
que se dice que contiene palacios, piedras preciosas y artefactos,
e incluso ríos de mercurio que fluyen a través de montañas de bronce.
Pero hasta que no se encuentre una manera de excavarla sin dañar los tesoros que hay dentro,
la tumba permanecerá sellada.
El emperador Qin no fue el único que preparó su morada final.
Las tumbas egipcias antiguas tienen réplicas que representan la otra vida ideal.
Los muertos de la era Kofun en Japón fueron enterrados con esculturas de caballos y casas,
y las tumbas de la isla de Jaina en México tienen estatuillas de cerámica.
El emperador Qin eligió tener sirvientes y soldados construidos para este fin,
en lugar de sacrificar a los vivos para que le acompañaran,
como las prácticas que había en Egipto, África occidental, Anatolia,
partes de América del Norte e incluso en China durante las dinastías anteriores de Shang y Zhou.
Y hoy, la gente viaja desde todo el mundo para ver a estos estoicos soldados que esperan en silencio sus órdenes de batalla.
沙发还没有被抢走,赶紧过来坐会吧