西语助手
2025-02-06
A veces, cuando presento mi carnet de identidad en Francia,
me lo devuelven con una sonrisa y con cierta ironía me dicen:
"wow, Reino de España".
No sé entonces si se burlan de mí o si están realmente impresionados por eso del reino.
El caso es que sí, España es un reino.
Una monarquía constitucional, con un rey, Felipe VI,
una reina consorte, es decir,
la esposa del rey, que no tiene poderes políticos ni militares,
en nuestro caso, Doña Letizia.
Una princesa heredera, Leonor, y una joven infanta, Sofía.
Leonor será reina algún día, porque es la mayor,
porque su hermana pequeña también es una niña,
pero principalmente porque todo parece indicar que la familia no va a seguir aumentando,
así que no hay riesgo de que nazca un hermanito varón.
¿Perdón?
Sí, si por casualidad la pareja real hubiera decidido tener un tercer hijo y que este pequeño hubiese resultado ser un varón,
Leonor habría perdido la corona antes incluso de que se la hubieran colocado sobre la cabeza.
Pero ¿cómo es posible algo semejante en España,
un país que puede presumir de ser uno de los cuatro estados más avanzados de Europa en materia de igualdad entre hombres y mujeres?
Pues bien, esto no solo es posible, sino que tenemos que recordar que,
en parte, se lo debemos a los franceses.
Un poco de historia.
Nuestro rey, Felipe VI, pertenece a la dinastía francesa de los Borbones.
Una dinastía que ha dado a la historia de Francia unos cuantos soberanos ilustres.
Enrique IV, Luis XIII, Luis XIV, Luis XV y el pobre Luis XVI,
que, recordemos, acabó en la guillotina durante la Revolución Francesa.
Pues la cuestión sucesoria en esta dinastía se rige por la ley sálica.
El origen de la ley sálica se remonta,
como su nombre indica, a los francos salios,
un conjunto de pueblos germanos que ocuparon la actual Francia hace mucho tiempo.
Cuando Clodoveo I, descendiente de los francos salios,
unifica a los pueblos francos en el siglo V,
manda compilar las normas y tradiciones de los salios y promulga la ley sálica.
En realidad, existían dos leyes sálicas,
una muy antigua, que regulaba aspectos tan variados del derecho penal como los crímenes,
las herencias, los robos y la brujería,
mientras que otra, mucho más reciente,
se ocupaba de regular la sucesión monárquica.
Esta última parte de la ley es mucho más reciente,
data del siglo XV y fue promulgada bajo la influencia de la Iglesia,
que decide presentarla como una verdadera ley sálica para hacerla pasar por antigua.
Esta ley estipula que en Francia una mujer no tiene derecho a heredar la corona ni tampoco a transmitirla.
La corona es cosa de hombres.
Y la prueba más clara es que nunca ha habido ninguna mujer que reinase sola en Francia.
En cambio, los españoles hemos tenido reinas ilustres como Isabel I,
conocida como Isabel la Católica.
Pero atención, porque en 1700 acepta el trono de España el nieto del rey sol Luis XIV,
Felipe de Anjou, un Borbón que se convierte en rey de España bajo el nombre de Felipe V,
y trae consigo la ley sálica.
Se acabó, las mujeres no volverán a reinar aquí.
Hasta que, un siglo más tarde, en 1830, Fernando VII cambia las cosas.
Fernando se casó cuatro veces, pero nunca tuvo un hijo varón.
Según la ley sálica, el trono debía pasar entonces a su hermano Carlos.
De ninguna manera debió pensar su última esposa,
María Cristina, que acababa de dar a luz a una hija, Isabel.
Fernando VII encuentra una solución.
Decide promulgar la llamada pragmática sanción,
un edicto real que permite a las mujeres heredar el trono siempre y cuando,
escuchen bien, no tengan ningún hermano varón.
Gracias a la pragmática sanción, Isabel II pudo reinar y esta es la norma que prevalece hasta nuestros días.
Veamos entonces el caso de nuestra actual familia real.
Juan Carlos, futuro rey de España, y su esposa Doña Sofía tuvieron su primera hija,
Elena, en 1963, en plena dictadura.
En caso de que se restableciese la monarquía a la muerte de Franco,
Elena sería la sucesora de Juan Carlos.
La infanta Elena era demasiado joven entonces para preocuparse,
pero su derecho al trono se ve amenazado con la llegada de un segundo bebé,
otra niña, Cristina.
Elena conserva su derecho a reinar, pero no por mucho tiempo.
Un tercer embarazo acaba definitivamente con las aspiraciones de la primogénita al trono.
En 1967, nace Felipe de Borbón y Grecia, heredero al trono de España, por ser varón.
¿Y es él quien reina hoy en día?
¿Cómo?
Pues sí, porque el artículo 57 de la Constitución española de 1978 estipula que la sucesión al trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación,
siendo preferido siempre el varón a la mujer.
En otras palabras, vamos, que las mujeres tienen acceso al trono siempre que no tengan un hermano varón.
Esto, por supuesto, contradice un artículo clave de nuestra Constitución,
el artículo 14, que garantiza la igualdad de los españoles ante la ley sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento,
raza, sexo, religión u opinión.
En la actualidad, junto con Mónaco y Liechtenstein,
España es la única monarquía parlamentaria europea que sigue discriminando a las mujeres en las reglas de sucesión al trono.
Acabar con este anacronismo sería posible gracias a una reforma de la Constitución que,
en todo este tiempo, ningún gobierno se ha atrevido a cometer.
Alterar este artículo implicaría abrir la puerta a un referéndum sobre la continuidad o no de la monarquía en España.
La princesa Leonor será algún día reina de España, porque parece seguro que no tendrá más hermanos.
Esperemos que entonces utilice su influencia para actualizar esta ley de otra época.
沙发还没有被抢走,赶紧过来坐会吧