西语助手
2023-03-09
Periquín vivía con su mamá en una cabaña del bosque.
Como con el tiempo fue empeorando la situación familiar,
la mamá hizo ir a Periquín a la ciudad,
para que allí intentase vender la única vaca que tenían.
El niño se puso en camino, llevando atado con una cuerda al animal,
y se encontró con un hombre que llevaba un saquito de habichuelas.
"Son maravillosas," explicó aquel hombre.
"Si te gustan, te las daré a cambio de la vaca".
Y Periquín así lo hizo, y volvió muy contento a su casa.
Pero la mamá, disgustada al ver la ignorancia del muchacho,
cogió las habichuelas y las arrojó a la calle.
Después se puso a llorar.
Cuando se levantó Periquín al día siguiente,
fue grande su sorpresa al ver que las habichuelas habían crecido tanto durante la noche,
que las ramas se perdían de vista.
Periquín se puso a trepar por la planta, y sube que sube,
llegó a un país desconocido.
Entró en un castillo y vio a un malvado gigante que tenía una gallina,
que ponía un huevo de oro cada vez que él se lo mandaba.
Esperó el niño a que el gigante se durmiera, y tomando la gallina,
escapó con ella.
Llegó a las ramas de las habichuelas y descolgándose, tocó el suelo y entró en la cabaña.
La mamá se puso muy contenta.
Y así fueron vendiendo los huevos de oro,
y con su producto vivieron tranquilos mucho tiempo,
hasta que la gallina se murió y Periquín tuvo que trepar por la planta otra vez,
dirigiéndose al castillo del gigante.
Se escondió tras una cortina y pudo observar como el dueño del castillo iba contando monedas de oro,
que sacaba de un bolsón de cuero.
En cuanto se durmió el gigante, salió Periquín y,
recogiendo la bolsa de oro, echó a correr hacia la planta gigantesca y bajó a su casa.
Así la mamá y su hijo tuvieron dinero para ir viviendo mucho tiempo.
Sin embargo,
llegó un día en que el bolsón del dinero, quedó completamente vacío.
Periquín volvió a subir por tercera vez a las ramas de la planta,
y fue escalándolas hasta llegar a la cima.
Entonces vio al ogro guardar en un cajón una cajita que cada vez que se levantaba la tapa,
dejaba caer una moneda de oro.
Cuando el gigante salió de la habitación,
cogió el niño la cajita prodigiosa y se la guardó.
Desde su escondite Periquín pudo ver,
que el gigante se tumbaba en un sofá, y ¡oh sorpresa!
un arpa, tocaba sola, una delicada música, sin que mano alguna pulsara sus cuerdas.
El gigante, mientras escuchaba aquella melodía,
fue cayendo en el sueño poco a poco.
Apenas le vio así Periquín,
cogió el arpa y echó a correr.
Pero el arpa estaba encantada y, al cogerla Periquín, empezó a gritar.
"Eh, señor amo, despierte usted, que me roban".
Se despertó sobresaltado el gigante y empezaron a llegar de nuevo desde la calle los gritos acusadores.
"Señor amo,
que me roban".
Viendo lo que ocurría,
el gigante salió en persecución de Periquín.
Resonaban a espaldas del niño pasos del gigante,
cuando ya cogido a las ramas empezaba a bajar.
Se daba mucha prisa,
pero, al mirar hacia la altura,
vio que también el gigante descendía hacia él.
No había tiempo que perder, y así gritó Periquín a su mamá,
que estaba en casa preparando la comida.
"Mamá traeme el hacha en seguida,
que me persigue el gigante. "
Acudió la mamá con el hacha,
y Periquín, de un certero golpe,
cortó el tronco de la trágica habichuela.
Al caer, el gigante se estrelló, pagando así sus fechorías,
y Periquín y su mamá vivieron felices con el producto de la cajita que al abrirse,
dejaba caer una moneda de oro.
沙发还没有被抢走,赶紧过来坐会吧