西语助手
2019-10-25
Diagnosticaron a mi padre de demencia.
Sus habilidades cognitivas estaban empeorando, un hombre muy inteligente, ingeniero eléctrico en Silicon Valley en sus inicios, en los años 70.
Y un día llegó a casa después de ir, como todas las tardes, a por su café a una cafetería cerca de casa, a solo unas siete calles de distancia, y le dijo a mi madre que le había costado encontrar el camino de vuelta.
El hipocampo es una estructura crítica para la memoria espacial, enseguida me di cuenta de que le pasaba algo en el cerebro.
Su personalidad era la misma, pero le costaba recordar cosas que antes hubiera sabido.
Entonces me di cuenta de que quería cambiar nuestra relación personal.
Como descendiente de tercera generación de japoamericanos, nuestra cultura es muy educada y amable, pero no muy afectuosa.
Por ejemplo, en mi vida adulta no había dicho nunca "Te quiero" a mis padres.
Es algo muy emocional, no lo hacemos.
Ellos vivían en California y yo en Nueva York.
Sabía que no podía empezar a decirlo como si nada cuando hablábamos por teléfono los domingos, así que decidí que lo correcto sería pedir permiso.
Como adulta, ¿tenía que pedir permiso a mis padres para eso?
Era ridículo, y estuve a punto de dejarlo pasar, pero lo cierto es que tenía miedo, porque no sabía qué dirían.
Mi madre cogió el teléfono, nos contamos nuestras semanas, como siempre, y sobre la mitad de la llamada le dije:
"Mamá, ¿te has dado cuenta de que nunca nos decimos "te quiero" en nuestras llamadas?
¿Qué te parecería si nos despidiéramos diciéndolo"? .
Y se hizo el silencio, un silencio largo, porque nunca le había preguntado algo así.
No me sorprendió, pero me di cuenta de que estaba conteniendo el aliento, porque no sabía qué me respondería.
Después de una pausa muy larga, me dijo:
"Me parece una idea estupenda".
Una cosa es hablar de decirnos que nos queremos y otra diferente el decirlo en voz alta.
Le dije: "Te quiero" y ella me respondió: "Y yo a ti", las dos con voz rara, muy forzado.
Y creo que las dos pensamos: "Menos mal, ya está".
Luego se puso mi padre.
Yo sabía que mi madre iba a ser la más difícil de los dos, así que tuve la misma conversación con mi padre, dijo que sí.
Nos dijimos que nos queríamos, incómodos, y colgamos.
Y me puse a llorar, porque nunca les había dicho a mis padres que los quería.
Fue un momento muy emotivo para mí, porque sentí que estaba cambiando la cultura de mi familia ese día, y lo estaba haciendo de verdad.
La semana siguiente volví a llamar y se puso mi padre.
En ese momento él ya tenía demencia, no se acordaba de las cosas.
Yo ya me estaba preparando para recordarle que habíamos acordado decirnos que nos queríamos.
Pero me sorprendió, porque ese domingo y todos los domingos después de aquello, él siempre se acordaba de decirme "te quiero" primero.
Como neurocientífica especializada en la memoria, sé por qué.
La resonancia emocional fortalece la memoria, incluso para alguien cuyo hipocampo no funciona bien.
Por eso recordamos los momentos más felices y más tristes de nuestras vidas.
Creo que, para mi padre, lo que hice fue memorable.
Su hija adulta le preguntó si podía decirle que le quería.
Quizás su amor por mí o el orgullo que sintió porque esto hubiera pasado creó un nuevo recuerdo a largo plazo para él.
Mi padre murió el año pasado y siempre tendremos las conversaciones del antes del "te quiero" y las del después del "te quiero", que han afectado mucho a mi vida desde entonces.
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