西语助手
2018-05-30
Érase una vez, en un lugar muy lejano, una niña muy bonita.
Su madre le había hecho una capa roja que llevaba siempre, y todo el mundo le llamaba Caperucita Roja.
Un día su madre le dijo:
- Caperucita, he hecho unos pastelitos de crema, y necesito que le lleves unos pocos a la abuela, al otro lado del bosque.
Caperucita le dijo que sí a su madre, y se preparó para llevar los pastelitos a su abuelita.
Antes de partir su madre le advirtió:
- Ten mucho cuidado, el bosque es muy peligroso, y el lobo feroz merodea buscando niños a los que comerse.
Caperucita guardó el consejo y partió hacia casa de su abuelita.
Mientras caminaba por el bosque, Caperucita vio al lobo, que era enorme. Y este le dijo: - ¿A dónde vas niña?
- A casa de mi abuelita, a llevarle unos dulces. Contestó Caperucita.
El lobo pensó que no estaba lejos, dio media vuelta y se fue.
Entonces Caperucita se detuvo a coger flores y pensó que ya no tenía nada que temer, ya que el lobo se había ido.
Pero el lobo, que era muy listo, había ido a casa de la abuelita.
Mientras se acercaba a la puerta, un cazador lo vio y se quedó observando.
El lobo llamó suavemente a la puerta, y la abuelita abrió muy contenta pensando que era Caperucita.
Entonces el lobo devoró a la abuelita, se puso una peluca y se metió en la cama a esperar a Caperucita.
Caperucita llegó a casa de la abuelita, se acercó a la cama, y vio muy cambiada a su abuela.
CAPERUCITA: Abuelita, abuelita, ¡qué ojos tan grandes tienes! - dijo.
LOBO: Son para verte mejor.
Contestó el lobo, intentando imitar a la abuelita.
CAPERUCITA: ¡Y qué orejas tan grandes tienes!
LOBO: Son para oirte mejor.
CAPERUCITA: Abuelita, abuelita, ¡qué dientes tan grandes tienes!
LOBO: Son. . . ¡para comerte mejor!
Y el lobo se abalanzó sobre Caperucita y la devoró.
El lobo, del empacho, se quedó dormido en la cama de la abuelita.
Entonces, el cazador, que había estado vigilando al lobo, entró en la casa y rajó su vientre.
Allí encontró vivas a Caperucita y a la abuelita.
Para castigar al lobo, el cazador le llenó la barriga de piedras y volvió a coserlo.
Cuando despertó, se sentía tan pesado que cuando fue a beber agua al río cayó al agua y se ahogó.
Y así Caperucita aprendió una valiosa lección: no hablar con desconocidos.
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