西语助手
2021-06-09
No hay que irse muy lejos.
Los argentinos no sabemos lo que tenemos.
La mayoría de las personas siempre sobrevaloramos lo lejano, lo exótico, lo distinto.
Y sin querer, lo cercano y cotidiano pasa inadvertido.
Argentina está llena de lugares magníficos.
Algunos mundialmente famosos, como Buenos Aires, Iguazú o Bariloche.
Y otros totalmente desconocidos hasta para muchos de nosotros.
No hay que irse muy lejos para estar en un desierto.
O para visitar uno de los humedales más grandes del mundo.
No hay que irse muy lejos para descubrir imponentes cascadas, o para caminar por secos y profundos cañadones.
No hay que irse muy lejos para elevarse sobre serranías, montañas y volcanes.
O transitar a través de majestuosos valles.
No hay que irse muy lejos para deslumbrarse con uno de los salares más grandes del mundo.
O para sorprenderse frente a los monumentales glaciares.
No hay que irse muy lejos para recorrer selvas, yungas, turberas y bosques milenarios.
O descansar en increíbles playas.
No hay que irse muy lejos para descubrir paisajes indescriptibles, o para transitar extensos y maravillosos caminos.
No hay que irse muy lejos para explorar antiguos asentamientos.
O para perderse en modernas e inmensas ciudades cosmopolitas.
A veces es solo cuestión de mirar con más atención.
Para darse cuenta y descubrir las bellezas, en ocasiones ocultas, en cada rincón de nuestro país.
No hay que irse muy lejos.
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