西语助手
2019-12-18
Me llamo Jordi Sierra i Fabra y soy escritor.
Llevo escribiendo desde que tengo ocho años y no voy a parar de escribir.
Soy tartamudo. ¿A que no lo parece?
Pues no es broma. No podía hablar.
Con 8, 9 o 15 años yo no podía hablar.
Sigo siendo tartamudo.
Lo bueno es que me reciclé, llegué a ser locutor de radio.
Pero aquí entre amigos igual de vez en cuando tartamudeo.
Tenía más problemas cuando era niño.
Éramos pobres, televisión en mi casa no había, jugar en la calle, no, me podía pillar un coche.
Estaba siempre en mi casa solo y leyendo. Soy hijo único, además.
A mi leer me salvó la vida. Devoraba libros sin parar.
Me di cuenta, afortunadamente, de que yo estudiando era un burro integral, pero todo lo que leía se me quedaba aquí y aquí.
Lo absorbía. Lo absorbía.
En mi barrio biblioteca no había. Ni en mi colegio.
Así que yo tenía que ir cada día a mis vecinos, me daban pan seco, diarios viejos.
Iba un trapero, lo vendía y me daban dos reales cada tarde por lo que vendía de pan seco y diarios viejos.
Sí había en mi barrio una librería de segunda mano.
Para mí aquel lugar era un paraíso.
Yo entraba en aquel sitio y quería leer todos aquellos libros, todos.
Escribiendo no tartamudeaba.
Eso era genial para un crío de ocho años tartamudo.
Yo era un tartamudo de los que no podía hablar, o sea, me quedaba bloqueado, dejaba de respirar, hacía. . .
Y me quedaba así. Era muy duro.
Así que para mí, escribir era la salvación.
Mi padre me prohibió escribir.
Yo le dije: «Papá, aunque sea poco ganaré algo, ¿no? ».
Quería ser escritor, no rico o famoso, eso es otra historia.
El arte se mide por lo que sientes al hacerlo, no por lo que te pagan por hacerlo.
A mi padre no le culpé nunca de nada.
Quería lo mejor para su hijo.
Mi escuela fue mi gran trauma y lo que me decidió por fin a tomarme en serio lo de escribir.
Por ejemplo, un profesor de matemáticas que de vez en cuando decía en clase: «Venga, vamos a reír un rato. Sierra, a la pizarra». «Vamos a reír un rato».
Era el bufón de la clase.
Imaginaos cómo era mi escuela.
Recuerdo un día que me dijo: «¿Dos y dos cuánto son? ».
¿Por qué? Porque para un tartamudo las palabras empiezan por C, P o T son impronunciables.
Dos y dos son cuatro.
Y aquel día dije en clase: «Cua-cua-cua».
Y dijo el profe de matemáticas: «Parece un pato, ¿verdad? ».
Cuidado. Era un niño.
En clase de lengua, la maestra dijo en clase: «Venga, redacción. Tema Libre».
Hice un cuento de un marciano verde, peludo, que bajaba de Marte a la Tierra y se perdía.
Yo hice 'E. T. ' con 12 años.
Me la copió Steven Spielberg, el muy guarro.
A mí me clavó un cero.
Con un cero mi padre me mataba.
Tuve que decirle: «Maestra, ¿un cero por qué? ».
Ortografía: no había faltas, leía cada día.
Tres páginas no, yo seis folios. Era un tío ya… Era incontenible.
Vocabulario alto.
Leía en casa el diccionario para buscar palabras nuevas.
Mira si era un bicho raro.
Era un cero injusto.
Y le dije: «Maestra, quiero ser escritor».
Me miró y me dijo delante de toda la clase: «¿Tú escritor, Sierra? »
«Mira, hijo mío, mejor te buscas ya un trabajo porque eres un inútil y lo serás toda tu vida».
«No sueñes».
Es lo peor que se le puede decir a un niño de 12 años.
Mi padre me prohibía escribir y según la escuela yo era un ser inferior.
Cuidado. En la escuela, además, sufrí palizas por ser tartamudo.
Os diré algo, el que pega es un cobarde cagado de miedo que le tiene tanto pánico a la vida que emplea su violencia para acosar a los demás.
Así que recibí muchos golpes y me los tragué.
Y esos me hicieron más fuerte. Nunca pudieron conmigo.
Aquel día, llorando en casa, descubrí que sí, que había una persona que sí creía en mí.
¿Sabéis quién? Yo. Es suficiente.
Os diré algo, y me pongo de pie, vuestro padre es vuestro padre.
Los jóvenes.
Vuestra madre os ha parido. Perfecto.
Los profes, que no son tontos, saben más o menos cómo sois y de qué pie calzáis. Perfecto.
Pero cuidado, lo más importante lo sabéis solo vosotros.
¿Y qué es lo más importante?
Lo que cada cual tiene aquí dentro, aquí dentro y aquí dentro.
Esto es vuestra vida, son vuestros sueños.
Si estáis seguros de algo, hacedlo.
Si creéis en algo, id a por ello.
Que no os coman el tarro. Tenéis solo una vida y es corta, se pasa volando.
Haced lo que os gusta.
Estoy harto de oír a vuestros padres, los jóvenes, diciéndoos: «Hijo mío, estudia algo con salida».
¿Qué sois, una autopista o qué?
Sed caminos de cabra, id por donde queráis, sed felices.
El dinero llega después.
Vivimos en un mundo materialista, egoísta, en el que no hay ningún trabajo de hoy en día que dentro de 20 años os asegure la vida.
¿Qué os va a asegurar la vida? Tener esto abierto, el corazón abierto, el estómago resistente y leer, absorber la vida como esponjas.
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