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2017-03-12
I. El inca Atahualpa
Cuando los españoles llegaron al Nuevo Mundo, muchos pueblos aborígenes habían desarrollado civilizaciones bastante avanzadas.
Las más importantes de ellas fueron la azteca, la maya y la inca.
Los invasores, valiéndose, entre otras cosas, de la superioridad de sus armas y de estrategias que incluían la intriga y la traición,
no solo lograron conquistarlas y someterlas a su dominio sino que también destruyeron, en lo esencial, su cultura y su sistema político.
He aquí un episodio ocurrido durante aquella época, denominada la conquista.
Atahualpa, el último emperador de los incas, descansaba en su campamento cuando le dijeron que un extranjero quería entrevistarse con él.
Al salir a recibirlo, vio que un hombre venía hacia él montado en un extraño animal que corría tan rápido que, al llegar, casi lo derriba .
Sin embargo, aunque muchos de sus soldados mostraron gran temor, el inca permaneció sereno.
El visitante era Hernando de Soto, mensajero enviado por el jefe del ejército español, Francisco Pizarro.
Sabiendo que los aborígenes desconocían por completo el caballo, el mensajero quiso impresionar al inca yendo a verlo montado en uno.
Pero Atahualpa no dio ninguns señal de temor. El español tuvo que retirarse impresionado por lo que acababa de ver; los incas tenían un poderoso ejército.
Y eso fue lo que le dijo a su jefe
Comprendiendo que no vencería a Atahualpa con facilidad, Pizarro se vio obligado a elaborar otro plan y decidió tenderle una trampa:
invitó al inca a la ciudad donde él estaba. Atahualpa aceptó la invitación y se puso en camino acompañado por sus hombres.
Cuando llegó a la ciudad, la encontró desierta. Los españoles estaban escondidos.
El inca comprendió que había caído en una trampa cuando salió a su encuentro un español, que le dijo:
_ Tienes que someterte al rey de España. El Papa nos ha encargado la misión de conquistar y convertir al cristianismo todas estas tierras y sus habitantes.
_ No sé quién es el Papa - contestó Atahualpa - , pero si dice eso, debe de estar loco. Estas son mis tierras y nadie tiene derecho sobre ellas.
Al ver la firmeza del inca, que no aceptaba ni amenazas ni dádivas, los españoles decidieron usar la fuerza y atacaron por sorpresa a los soldados del inca.
Pronto, gracias a sus mejores armas, los vencieron. Al final, hicieron prisionero al emperador.
Ya en manos de los españoles, Atahualpa se dio cuenta de que estos tenían un interés muy grande por el oro y mandó llamar a Pizarra.
- Si me dejas libre - le dijo - , llenaré de oro el cuarto en que estamos.
Pizarra aceptó. El inca mantuvo su promesa y envió mensajeros a todos los lugares de su imperio con la orden de reunir el oro prometido.
Cuando Pizarra vio la habitación casi llena del metal precioso, se puso a reflexionar: "Si yo lo dejara ahora en libertad, de seguro, se aprovecharía para preparar una gran rebelión contra los españoles."
Entonces ordenó matar al emperador inca.
Atahualpa murió en agosto de 1533.
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