西语助手
2021-01-21
Este es el día de Estados Unidos. Este es el día de la democracia. Un día de historia y de esperanza, de renovación, de determinación.
A través de este crisol de las eras, nuevamente se ha puesto a prueba el metal de esta nación. Y el país ha estado a la altura de las circunstancias.
Hoy celebramos el triunfo no de un candidato, sino de una causa: la causa de la democracia.
El pueblo, la voluntad del pueblo se ha escuchado y la voluntad del pueblo se ha acatado.
Una vez más aprendemos que la democracia es preciosa, es frágil.
Y en este momento, amigos míos, la democracia ha prevalecido.
Ahora, en este lugar sagrado donde hace solo unos días, la violencia trató de sacudir los pilares mismos del Capitolio, nos unimos como una sola nación, bajo dios indivisible, para la transferencia pacífica del poder como lo hemos hecho por más de dos siglos.
A la vida hacia delante de esa manera única estadounidense, incansable, audaz, optimista, y ponemos la vista en la nación que sabemos que podemos ser y debemos ser, le agradezco a mis predecesore de ambos partidos por su presencia aquí. Les agradezco desde el fondo de mi corazón.
Y sé de la persistencia de nuestra constitución y de la fortaleza de nuestra nación, igual que el presidente Carter, con quien hablé anoche, que no pudo acompañarnos hoy, pero a quien reconocemos por toda una vida de servicio.
Yo acabo de hacer un juramento sagrado que cada uno de estos patriotas ha hecho en su momento el juramento que pronunció por primera vez George Washington.
Pero la historia de Estados Unidos no depende de ninguno de nosotros individualmente o de algunos de nosotros, sino de todos nosotros. De nosotros, el pueblo que buscamos una unión más perfecta.
Esta es una gran nación, somos un buen pueblo.
Y durante siglos, de tormentas, de luchas, en paz, en guerra, hemos avanzado tanto. Y todavía hay mucho por recorrer.
Vamos a seguir adelante con celeridad y urgencia porque es mucho lo que tenemos que hacer en este invierno de peligro y enorme posiblidades.
Hay mucho que reparar, que restaurar, que sanar, que construir y que ganar.
Poca gente en la historia de nuestra nación ha enfrentado un reto más fuerte o difícil que el que tenemos en este momento.
Un virus de una vez en un siglo que ha azotado al país, que ha cobrado tantas vidas en un año como las que perdió de Estados Unidos en toda la Segunda Guerra Mundial.
Se han perdido millones de empleos; cientos de miles de negocios han cerrado; la demanda de igualdad racial que viene desde hace 400 años nos mueve.
El sueño de la justicia para todos no se va a seguir quedando a la zaga.
Esa demanda de sobrevivir para el planeta, un llamamiento que no puede ser más desesperado urgente que ahora, el surgimiento del extremismo, supremacía blanca, terrorismo interno que debemos enfrentar y vamos a derrotar.
Para superar estos retos, para restablecer el alma y el futuro de Estados Unidos se requiere más que palabras.
Se requiere lo más importante de una democracia: unidad. Unidad.
En 1863, el día de Año Nuevo, Abraham Lincoln firmó la Proclamación de Emancipación.
Cuando firmaba, el presidente dijo y citó: "Si mi nombre llega a pasar a la historia, será por esta acción, y mi alma entera está pusta aquí".
Poco el alma en esto. Hoy, en este día de enero, mi alma está en esto, en unir a Estados Unidos, unificar a nuestro pueblo, a nuestra nación.
Y le pido a todos los estadounidenses que se sumen en esta causa.
Unidos debemos enfrentar a nuestros enemigos, la rabia, el resentimiento, el odio, el extremismo, la falta de ley, la violencia, la enfermedad, el desempleo, la desesperanza.
Con unidad podemos hacer grandes e importantes cosas.
Podemos corregir faltas, podemos darle a la gente buenos trabajos, enseñar a nuestros hijos en escuelas seguras.
Podemos superar este virus mortal, podemos recompensar el trabajo, reconstruir la clase media, y asegurar el cuidado médico para todos, podemos tener justicia racial y hacer que Estados Unidos vuelva a ser el ejemplo del bien en el mundo.
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