西语助手
2019-06-25
¿Por qué no comemos insectos?
Por siglos, la gente ha consumido insectos, desde escarabajos hasta gusanos, langostas, saltamontes, termitas y libélulas.
Esta práctica incluso tiene un nombre: entomofagia.
Los cazadores de la antigüedad quizá aprendieron de los animales que comían insectos ricos en proteínas y siguieron el ejemplo.
Según evolucionamos, los insectos se volvieron parte de nuestra tradición dietética, cumplieron el rol tanto de alimento básico como de manjar.
En la Grecia antigua, las cicadas se consideraba refrigerios de lujo.
Incluso a los romanos la larva de escarabajo les parecía una delicia.
¿Por qué perdimos nuestro gusto por los insectos?
La razón de nuestro rechazo es milenaria y la historia probablemente comenzó alrededor del año 10 mil a. C. en Mesopotamia, un lugar de Medio Oriente que fue donde nació la agricultura.
En aquel entonces, nuestro ancestros viajeros, empezaron a establecerse en esa zona.
Al ir aprendiendo a cosechar cultivos y domesticar animales, las actitudes cambiaron, extendiendo su dominio hacia Europa y al resto del mundo.
Cuando la agricultura despuntó, la gente empezó desdeñar los insectos como mera peste que destruía sus cultivos.
Las poblaciones crecieron y Occidente comenzó a urbanizarse, debilitando las conexiones de nuestro pasado cazador.
Hoy, para la gente no acostumbrada a la entomofagia, los insectos son irritantes.
Pican y muerden, e infestan nuestra comida.
Los asociamos con un " factor de repulsión" y nos desagrada la idea de cocinar insectos.
Sin embargo casi 2 000 especies de insectos se convierten en alimento, y forma gran parte de la dieta diaria para 2 000 millones de personas en el mundo.
Los países de los trópicos son los consumidores más entusiastas pues en ellos esta práctica es culturalmente aceptada.
Además las especies en esas regiones son grandes, diversas y tienden a congregarse en grupos o enjambres lo que facilita su cosecha.
Como en Camboya al sureste asiático donde se recolectan gigantescas tarántulas se fríen y se venden en los mercados.
Al sur de África, la jugosa oruga mopane es un alimento básico que se cocina lentamente en una salsa picante o se comen seca y salada.
Y en México, se tuestan los chapulines picados con ajo, limón y sal.
Los insectos se pueden comer enteros y hacer una comida con ellos o molerlos en harina, polvo y pasta que se agrega a la comida.
Pero no se trata solo del sabor.
Son también sanos.
Los científicos dicen que la entomofagia puede ser una solución de costo efectivo para los países en desarrollo que tienen inseguridad alimentaria.
Los insectos pueden contener hasta un 80% de proteína, los componentes vitales del cuerpo, y también tienen alto contenido de grasas ricas en energía y micronutrientes.
¿Sabías que la mayoría de los insectos comestibles contienen la misma cantidad o incluso más hierro que la carne de vaca, convirtiéndolos en una enorme fuente sin explotar este mineral cuya deficiencia es actualmente el problema de nutrición más común del mundo?
El gusano de la harina es otro ejemplo nutritivo.
La larva del escarabajo amarillo es nativa de los EEUU y fácil de criar.
Tienen alto contenido vitamínico, montones de minerales sanos y puede contener hasta un 50% de proteína, casi tanto como en una cantidad equivalente de carne de res.
Para cocinarlo, simplemente se pone mantequilla y sal en la sartén se tuesta y espolvorea con chocolate para un refrigerio crujiente.
Cuando vences el " factor de repulsión" , lo ganas en nutrición y sabor.
Los gusanos de la harina saben a nueces tostadas.
Las langostas a camarón.
Los grillos, como dicen algunos, tienen un aroma de palomitas de maíz.
Cultivas insectos para alimento tienen también menos impacto ambiental que la crianza de ganado, porque los insectos emiten mucho menos gases de efecto invernadero y utilizan mucho menos espacio, agua y alimento.
Socioeconómicamente, la producción de insectos podría sustentar a la gente de países en desarrollo ya que su crianza de insectos se puede hacer a escala pequeña.
Los insectos también se pueden convertir en alimento más sustentable para el ganado y puede recolectarse del desperdicio orgánico, como las cáscaras vegetales, que de otra forma quizá terminarían pudriéndose en vertederos.
¿Ya tienes hambre?
Ante un plato de grillos fritos, la mayoría hoy todavía se echaría para atrás, al imaginar todas esas patas y antenas atorarse entre los dientes.
Pero piensen en una langosta, es muy parecida a un insecto gigante repleto de patas y antenas que alguna vez fue considerado alimento repulsivo e inferior.
Ahora la langosta es un manjar.
¿Puede ocurrir el mismo cambio de paradigma para los insectos?
¡Hagan la prueba!
Pongan ese insecto en la boca y disfruten el crujido.
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