西语助手
2022-12-26
¿Cómo nos defendemos de los virus?
¿Cómo se defiende el cuerpo del virus?
Cuando alguien enfermo estornuda, tose o habla, miles de pequeñas gotitas con virus salen expulsadas al exterior.
Cualquier persona que esté cerca puede respirar esas gotitas.
De esta forma el virus puede entrar al interior del cuerpo e infectar a las células,
para ello las glicoproteínas del virus se unen unas proteínas especiales de la superficie de nuestras células.
Es como una cerradura y su llave.
Cuando ambas se unen, el virus puede entrar y liberar su genoma en el interior.
Es entonces, sin darse cuenta, cuando la célula empezará a crear miles de copias de ese virus.
A su vez, esos nuevos virus pueden infectar nuevas células y producir aún más virus.
Pero tranquilo.
El cuerpo no se queda de brazos cruzados.
Tiene sus propias defensas.
Toda una batería de herramientas para parar a los virus y otros microorganismos.
Un montón de estrategias que han ido apareciendo y perfeccionándose durante millones de años de evolución.
La piel de tu cuerpo es una barrera que impide la entrada de microorganismos.
Los mocos y los pelitos que recubren tu nariz,
atrapan a los virus y bacterias, y los estornudos los expulsan hacia el exterior, evitando que llegan a tus pulmones.
La saliva de tu boca y las lágrimas de los ojos tienen una enzima especial,
la lisozima, que destruye a los microorganismos.
Todos estos mecanismos forman una barrera que evita que estos indeseados visitantes puedan acceder al interior de tu cuerpo,
pero si a pesar de ello, algún virus logra entrar e infectar algunas de tus células,
todavía tenemos varios ases bajo la manga.
Las células poseen unos sensores especiales que detectan cuando algo extraño entra en ellas.
Si reconocen que hay un virus inician una sofisticada respuesta para pararlo y destruirlo.
Por un lado, dificultan que el virus pueda replicar y crear nuevos virus,
y por otro lanzan señales de alarma al exterior.
Estas señales avisan a las células de alrededor de la presencia de virus para que puedan protegerse y evitar así que el virus las infecte y propague sin control.
Pero además, esas señales atraen a las células del sistema inmune al lugar de la infección.
Unas células especializadas en proteger al cuerpo.
Por un lado, están los macrófagos, los neutrófilos, los monocitos y las células dentríticas.
Este grupo de células se conoce como fagocitos y literalmente se tragan a las células infectadas y las destruyen para no dejar así ni rastro de virus.
También están los leucocitos, unas células que en su interior llevan unos gránulos con diferentes sustancias químicas.
Estas sustancias ayudan a destruir a las células infectadas y reclutan al resto de células al lugar de la infección a la vez que provocan inflamación.
Y por último están los linfocitos, unas células capaces de detectar pequeños trozos o partes de los microbios.
Lo que llamamos antígenos.
Hay dos tipos principales de linfocitos:
los linfocitos T o citotóxicos reconocen los antígenos a la superficie de las células infectadas y las destruyen.
Y los linfocitos B o humorales se encargan de producir y liberar anticuerpos.
Los anticuerpos son unas proteínas especiales que se unen específicamente a los antígenos.
Esta unión además de paralizarlos en activarlos,
los marca para que sean destruidos por las otras células del sistema inmune.
Lo mejor es que tanto los linfocitos T como B pueden generar células de memoria.
Cuando la infección pasa, la mayoría de linfocitos que se han generado mueren.
Ya no son necesarios.
Pero unos pocos quedan en el cuerpo.
De esta forma, si en el futuro vuelves a infectarse con el mismo virus,
estas células serán capaces de reconocerlo y activar las defensas muchísimo más rápido evitando así que te pongas enfermo.
Esta función tan increíble es la que usan las vacunas para protegernos.
Pero no se queda ahí incluso la fiebre es una defensa.
El cuerpo sube la temperatura para que el virus esté incómodo y le sea más difícil multiplicarse.
Como puedes ver tenemos multitud de mecanismos para evitar ponernos enfermos.
Es como una carrera de obstáculos que se lo pone muy difícil a los virus.
Por eso a la mayoría, aunque nos infectemos con el coronavirus, no nos pasa nada.
Puede que suframos un pequeño resfriado o algo de fiebre, pero nada serio.
Nuestro sistema inmune nos protege.
Pero en algunas personas el sistema falla.
O actúa muy poco o actúa demasiado.
Son esas personas las que pueden desarrollar síntomas graves y ponerse muy enfermos.
Por eso, para proteger a estas personas vulnerables y a los médicos enfermeros y auxiliares que las cuidan,
es muy importante seguir unas medidas de seguridad básica:
llevar mascarillas, lavarse las manos,
mantenerse alejado de otras personas,
y quedarse en casa si te encuentras enfermo.
Entre todos podemos parar al virus.
Si te ha gustado lo que has visto, dale a me gusta,
compártelo y suscríbete al canal, y recuerda,
tú también Eres Ciencia.
沙发还没有被抢走,赶紧过来坐会吧