西语助手
2021-07-26
Hola, queridos hablantes. Soy Alberto Bustos.
"Enero" viene del latín "januarius". Es el mes del dios Jano, al que los romanos representaban con dos caras, porque estaba mirando al año que salía y al que entraba.
Jano es también el dios protector de las puertas y de las transiciones. En el calendario arcaico romano, el año no empezaba en enero, sino en marzo.
El inicio del año, sin embargo, se trasladó a este mes en el año 153 antes de Cristo, cuando se introdujo una reforma fuertecita en el calendario.
Febrero es el mes de la purificación. "Februo" en latín era un verbo que significaba 'purificar'.
Todos los años, en febrero, se celebraba una fiesta conocida como la februa. La februa era un instrumento, era una especie de látigo que estaba hecho de tiras de cuero.
Y los romanos se echaban a la calle februa en mano y se ponían a azotar a todo el que se les cruzaba. Esto era un azote ritual que tenía una función simbólica: servía para purificarse.
Además se creía que todo esto ayudaba a las mujeres a quedarse embarazadas y a tener un buen parto.
No tengo dudas de que de estas fiestas y de todos estos desórdenes y de andar todo el mundo revuelto salía más de un embarazo, pero prefiero no entrar a indagar las causas más de cerca.
En fin, vamos con marzo, que es el mes de Marte.
Marte, como es bien sabido, es el dios de la guerra. Este era el mes en que empezaba el año en la versión más antigua del calendario romano.
Si no hubieran tocado nada, la Nochevieja la celebraríamos el último día de febrero y sería un lío, porque unos años caería en 28 y otros en 29.
¡Abril! Abril no sabemos exactamente de dónde viene. No, señor, la etimología no es una ciencia exacta.
Puede que el nombre de este mes esté relacionado con el verbo "aperire", o sea, con 'abrir', y tiene su sentido, tiene su lógica, porque en primavera brotan las plantas y se abren las flores.
Esto lo dice nada más y nada menos que el poeta romano Ovidio.
Pero el nombre de este mes también puede estar relacionado con una palabra de origen griego: con "aphrós", que significaba 'espuma'.
El mes de abril estaba dedicado a la diosa Venus, que según la leyenda había nacido de la espuma.
Por eso los griegos la llamaban Afrodita, Afrodita, en ese nombre es fácil reconocer esta raíz "aphrós" ('espuma').
¿Y qué ocurre con mayo? Mayo era el mes de Maya, pero no de la abeja Maya, ¡cuidado! , sino de la diosa Maya.
De la diosa Maya, por cierto, que al principio había dos Mayas diferentes: estaba la Maya griega y la romana. Lo que ocurre es que con el tiempo se acabaron mezclando.
La griega era hija del gigante Atlas, este que sostenía el mundo sobre sus espaldas. Maya y sus seis hermanas eran conocidas como las Pléyades.
Las podemos ver todas las noches en el cielo, porque son una constelación.
Zeus se enamoró de la belleza de Maya. Y ya se sabe lo que suele pasar en estos casos, así que no voy a entrar en detalles y simplemente diré que a los nueve meses había un nuevo dios dando saltitos por el Olimpo: Hermes, que es conocido también como Mercurio.
Por su parte, la Maya de los romanos, era conocida como la Buena Diosa.
Esta era la protectora de la fertilidad y la maternidad.
Por eso tenía una fiesta que se celebraba en primavera, que es cuando todo brota y la sangre se altera.
No sabemos exactamente lo que pasaba en la fiestecita de marras, sobre todo, porque era secreta y porque únicamente podían entrar las mujeres. Los hombres por supuesto que no podían ni acercarse, pero es que ni siquiera se admitían animales machos.
Junio, que es el mes de la diosa Juno, la hermana y cuidado, la esposa de Júpiter. Sí, sí, hermana y esposa. Así se las gastaban los dioses de la Antigüedad.
Juno era la diosa de la feminidad. Se la representaba como esposa y madre, que es lo que se consideraba que tenía que ser una mujer en aquellos tiempos.
Y en los ratos que le quedaban libres se dedicaba a proteger los noviazgos, los matrimonios, los embarazos y hasta los partos.
Julio es el mes del emperador romano Julio César, que por una casualidad de estas de la vida nació en este mes.
Antes de eso, los romanos habían denominado al mes que nosotros conocemos como julio "quintilis", o sea, quinto mes. Ya te habrás percatado de que algo no encaja, porque para nosotros este mes es el séptimo.
Pero como hemos explicado antes, cuando pasaron el inicio del año a enero, los meses quedaron desplazados. Después de esa reforma del año 153 antes de Cristo, que ya fue gorda, Julio César volvió a modificar el calendario, que era un pitorreo de calendario, porque no coindicía con el año solar.
El problema principal, sobre todo para una sociedad agraria como era la romana era que los campesinos no sabían cuándo había que sembrar, porque las fechas ya no coincidían con las estaciones. Todo se había ido descolocando.
El calendario juliano sirvió para mejorar considerablemente el cómputo de los años. Y se mantuvo en vigor hasta la reforma gregoriana ya en el siglo XVI, que es cuando surge nuestro calendario actual.
Agosto, que está dedicado al emperador Octavio Augusto. Y antes, en un alarde de imaginación, era "sextilis", o sea, sexto mes.
A estas alturas ya te habrás percatado de que a los romanos se les daba mejor lo práctico que lo imaginativo.
En la actualidad es el octavo mes. El motivo ya lo sabes: la reforma que alteró el calendario arcaico romano.
Septiembre viene de "septem" ('siete'). Hoy es el noveno mes, pero no nos importa porque su significado originario ha quedado completamente borrado.
Hoy solamente sirve para referirse a uno de los meses del año, independientemente de su orden. La forma tradicional castellana es "setiembre", sin pe.
Y esta otra forma latinizante "septiembre", que es la que utilizamos en la actualidad, es un invento.
Se la sacó de la manga la Real Academia Española en 1739 y lo que ocurrió es que poco a poco fue desplazando a la forma de toda la vida.
Octubre viene de "octo", que es "ocho". Ya he explicado por qué, es en realidad el décimo mes de nuestro calendario, así que no me voy a poner pesado con esto.
Ya está contado. Lo dejamos y pasamos a noviembre, que viene de "novem", o sea, nueve.
Y nos plantamos en diciembre, que se deriva de "decem", que era la forma que tenían los romanos de decir "diez".
Ya ves que no se complicaban la vida. Los últimos meses del año los numeraron y ¡listo!
Por cierto, recuerda que los nombres de los meses se escriben con minúscula.
No me vayas a poner "enero" con mayúscula.
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