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[每日听力]智利新任总统加夫列尔·博里奇联合国大会首次发言

2022-09-29

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Presidente Boric expone por primera vez en la ONU


Muchísimas gracias.



Sr. Presidente, Sr. Secretario General, estimadas y estimados Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno,
a todos los distinguidos invitados del día de hoy.



Es para mí un honor poder estar con ustedes en esta Asamblea General por primera vez.



Vengo de Chile, que es un hermoso país situado en el extremo sur de América,
entre la Cordillera de Los Andes, que es la columna de nuestro continente y el majestuoso e imponente Océano Pacífico.



Un país que tiene una geografía diversa y paisajes conmovedores,
en donde conviven juntos los cielos más claros con los mares más tempestuosos,
y el desierto más seco, con ciudades hechas de lluvia.



El pueblo chileno, como quizás algunos de ustedes conocen, es trabajador y solidario.



Gracias a su esfuerzo hemos pasado en algo más de dos siglos de ser la colonia más pobre de España en América a ser un país independiente,
libre, soberano y pujante.



Un país con tremendas oportunidades,
que hoy está a las puertas de un desarrollo integral,
y que estamos trabajando para que sea para todos y no para unos pocos.



Un país que tiene cobre y litio para la electromovilidad,
un país con hidrógeno verde en desarrollo para proveer de energías limpias al mundo,
un país con largas costas y áreas marinas protegidas para cuidar al medio ambiente.



También, con universidades de primer nivel para crear y compartir conocimiento.



Vengo a decirles, estimados colegas,
que Chile necesita al mundo y el mundo, también, necesita a Chile.



Mientras preparaba en mi país este discurso,
pensaba cómo en medio de tantos discursos,
de seguro muy interesantes, contando la realidad específica de cada país,
podía aportar con un pequeño grano de arena a la construcción de un mundo más justo y posible.



Y consciente de que no soy quién para dar lecciones sobre cada uno de los problemas que vive el mundo convulso en el que habitamos,
pensé que contarles nuestra experiencia reciente como país puede servir,
a quien quiera escuchar, para sacar vuestros propios aprendizajes.



Chile vive actualmente un intenso proceso político.



Hace casi tres años debimos hacer frente a una grave crisis política y social.



Durante aquellos días, una gran mayoría de chilenos y chilenas manifestó su malestar frente a la desigualdad y los abusos.



Su indignación frente a las largas esperas para recibir atención en la salud pública.



Su hastío frente a las millonarias deudas por estudiar.



Su rechazo a las pensiones de miseria después de largos años de trabajo.



Es quizás una historia conocida para muchos de ustedes.



Fue, estimados colegas, una larga historia de injusticias la que se expresó en nuestro país en diciembre y en octubre de 2019.



Pero, también, y esto es lo lindo de cómo las historias son más largas que nosotros mismos,
quienes hoy día ocupamos estos puestos,
también fue la historia larga de la movilización ciudadana y las luchas sociales,
esa que permitió el retorno a la democracia,
el reencuentro de los demócratas, como dijera el Presidente Aylwin a fines del siglo pasado,
o en la que en los albores del siglo XX permitió avanzar en derechos para los trabajadores y trabajadoras.



En las manifestaciones del 2019 también estaban las mujeres del siglo pasado que avanzaron,
pese a todo, hacia el derecho al voto femenino,
nos acompañaron(*acompañó) el recuerdo de los obreros que lograron el derecho al descanso y los pobladores que lucharon y siguen luchando por una vivienda digna.



Son todas esas memorias y luchas sociales las que estuvieron presentes.



Estimados líderes del mundo:
La salida para caminar en la solución pacífica y democrática de la crisis que vive nuestro país fue un acuerdo importante entre las principales fuerzas políticas que permitió la elaboración de una ruta hacia la redacción de una nueva Constitución,
una que fuera capaz de sentar las bases de un nuevo contrato social.



Esta ruta impulsada por la sociedad chilena desde la protesta y la lucha social,
y encausada políticamente por diversas instituciones,
fue refrendada por un plebiscito de entrada en donde un 80% de los votantes se manifestó a favor de una nueva Constitución escrita por un órgano especialmente electo para aquello.



Y el desafío no es menor.



Consiste en lograr, como nunca antes en nuestra historia,
una Constitución democrática escrita con participación ciudadana,
con participación de los pueblos indígenas y con paridad entre hombres y mujeres.



Una Constitución para todos y todas, pero también hecha por todos y todas.



Hace algunas semanas, sin embargo,
el trabajo realizado por la Convención Constitucional entre 2021 y 2022 fue sometido a consulta ciudadana a través de un plebiscito en el que los chilenas y chilenas participaron de nuevo masivamente,
un 85% de participación.



Y en este evento electoral, los ciudadanos rechazaron,
de manera clara, la propuesta por un 62% contra un 38% por lo que hoy como país estamos buscando nuevas fórmulas para construir ese lugar de encuentro entre todos los chilenos y chilenas.



Mi opción personal en ese plebiscito fue de aprobar la propuesta que nos hacía la Convención,
pero el resultado fue el contrario.



Algunos han querido ver el resultado del plebiscito como una derrota del Gobierno.



Y con toda humildad quiero hoy día decirles a estas Naciones Unidas que nunca un gobierno puede sentirse derrotado cuando el pueblo se pronuncia.



En democracia, la palabra popular es soberana y es la guía para todo momento.



Pero ¿por qué les hablo de esto?



Porque, a diferencia del pasado, en que las diferencias en Chile fueron resueltas a sangre y fuego,
hoy las chilenas y los chilenos acordamos enfrentar de manera democrática nuestros desafíos.



Y se los cuento porque estoy seguro de que uno de los principales desafíos de la humanidad hoy día es el de construir democracias que de verdad le hablen y le escuchen a la gente y que acepten los resultados cuando no son los esperados.



Quienes asistimos a esta asamblea tenemos el deber de mejorar nuestras democracias.



Durante las multitudinarias jornadas de movilización la palabra "dignidad" se hizo presente.



Pues bien, este mismo pueblo se acaba de expresar dándonos una lección de democracia que tomamos.



Chile le ha exigido a su democracia y a sus actores políticos estar a la altura de sus demandas y el desafío de hoy que tenemos nosotros es estar,
también, a la altura de ellas.



Como Gobierno, hemos recogido los resultados del reciente plebiscito con los ojos y el corazón bien abiertos.



Queremos escuchar lo que el pueblo nos está diciendo porque confiamos en su criterio y confiamos en su voluntad.



Y hay cosas que hemos entendido muy claramente que quiero, brevemente, compartir con ustedes.



Los resultados son la expresión de una ciudadanía que demanda cambios sin poner en riesgo sus logros presentes.



Que quiere un mejor futuro construido con seriedad y sin caer en nuevas inseguridades.



Un futuro de cambio con estabilidad.



Y hemos entendido también, y esto como joven que hace pocos años estaba en la calle,
en las protestas, que representar el malestar es mucho más sencillo que producir las soluciones para esto,
que quienes nos dedicamos a la exigente tarea de la política muchas veces confundimos con facilidad los éxitos que podemos tener como voceros de la molestia ciudadana con nuestra real capacidad de ser constructores de mejores futuros.



Y el resultado del plebiscito en nuestro país nos ha enseñado a ser más humildes,
la democracia debe ser humilde, y a asumir que la construcción del Chile que soñamos no está en las recetas de ningún sector en particular,
sino en la síntesis que podamos hacer combinando lo mejor que cada uno puede aportar.



Así se gobierna en el siglo XXI: movilizando las capacidades y la sabiduría de nuestras sociedades y no pretendiendo sustituirlas.



Como Presidente de Chile estoy convencido de que,
en el corto plazo, Chile tendrá una Constitución que nos satisfaga y nos enorgullezca,
una construida en democracia que recoja el aporte de todos los sectores de la sociedad y que sea capaz de reflejar los anhelos de justicia y libertad.



Estimadas y estimados delegados, desde la humilde historia de mi Patria puedo decirles con mucha convicción que el camino para enfrentar los problemas que aquejan a nuestras sociedades se pavimenta con más democracia y no con menos;
incentivando la participación y no restringiéndola; fomentando el diálogo y jamás censurándolo.



Y, por sobre todo, respetando a quien piensa distinto,
incorporando sus puntos de vista y entendiendo que el tener opiniones diversas no nos vuelve enemigos.



Me rebelo frente al abismo que algunos pretenden cavar ante la legítima diversidad de opiniones y, desde Chile,
declaramos nuestra voluntad de ser constructores de puentes ante estas brechas que nos impiden encontrarnos como sociedades diversas.



Esta es la experiencia y el aprendizaje que,
desde nuestro pequeño país, queremos compartir con las naciones del mundo:
profundizar la democracia es un ejercicio permanente en el cual solo cabe perseverar y aprender,
cada uno, de las experiencias del otro.



Por eso, y ya terminando, los invito a trabajar en conjunto para fortalecer la democracia en todos los espacios,
en cada país y en la relación entre nosotros.



Necesitamos una voz unida de América Latina,
necesitamos más trabajo conjunto desde el sur global,
necesitamos unas Naciones Unidas modernizadas en donde todos nos pongamos mismos objetivos.



Estimados miembros de esta Asamblea,
el mundo entero demanda cambios y quienes somos parte de las nuevas generaciones,
aprendiendo de quienes nos antecedieron,
tenemos el derecho y la responsabilidad de pensar y actuar para un futuro distinto.



Los ciudadanos que más sufren las consecuencias de sociedades construidas desde la segregación y el abuso reclaman derechos y reclaman seguridad para vivir.



Ese mundo de mayor bienestar solo lo podremos lograr con mayor democracia y ese es el llamado al que todos y todas debemos hoy día atender y desde Chile estamos disponibles para colaborar en cada lugar del mundo en aquello.



Muchísimas gracias.

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