西语助手
2017-03-30
El viejo minero tomó de la mano al pequeño y juntos entraron en la negra galería. Era temprano, y el movimiento de la mina no empezaba aún.
Cuando llegaron delante del capataz, el viejo dijo: - Señor, aquí traigo al chino.
El capataz miró el cuerpecillo endeble del muchacho.
- ¡Hombre! Este muchacho es todavía muy débil para el trabajo. ¿Es hijo tuyo?
- Sí, señor.
- Pues no lo traigas a la mina. Debías tener lástima de sus pocos años y enviarlo a la escuela todavía por algún tiempo.
- Señor -suplicó el minero-. Somos seis en casa y uno solo el que trabaja. Pablo cumplió ya los ocho años y debe ganarse el pan.
Como hijo de minero, su oficio será el de sus padres. Nosotros no tuvimos nunca otra escuela que la mina.
Empezó a toser y calló, pero imploraba con los ojos.
El capataz silbó. Apareció un minero joven aún.
- Juan -dijo el capataz-, lleva a este chico a la compuerta Nº 12. Ocupará el puesto del hijo de José que murió ayer -.
Y volviéndose hacia el viejo añadió en tono duro y severo: - He visto que en la última semana no has sacado los quince cajones de carbón diarios que se exigen de cada minero. Si esto sucede otra vez, serás despedido.
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