2016-08-12
LECCIÓN 4 TEXT0 1
Era la última noche del año, víspera del Año Nuevo y i hacía mucho frío!
Nevaba y pronto iba a caer la noche Una pobre niñita paseaba descalza por la calle. La verdad es que antes de salir de su casa llevaba zapatos, pero no |e habían servido de mucho.
Eran tan grandes que la niñita, en su prisa, los había perdido al cruzar corriendo una calle muy ancha.
La niña andaba por la calle, con los pies azules por el frío. En su viejo delantal llevaba varias cerillas y un paquete en una mano.
Había sido un mal día para ella: nadie le había comprado ni una cerilla y no había ganado ningún centavo.
Tenía hambre y frío, y se veía muy débil. ¡Pobre niñita! Desde todas las ventanas se veían las luces que brillaban, pero la niñita sólo podía pensar que esa noche tenía que ganar algún dinero para poder volver a casa.
Se sentó en una esquina y trató de calentarse entre dos casas.
Sintió más y más frío pero no podía volver a casa porque no había vendido ni una cerilla. Su padre la podría golpear.
Sus manitas estaban casi muertas por el frío. ¡Una cerilla encendida por lo menos las ayudaría! Entonces sacó una.
¡Zum! ¡Cómo chispeaba! ¡Cómo encendía! Era una Mamita suave, que calentaba poco a poco las manitas frías.
A la niña le pareció que estaba en una cocina con una gran estufa. Puso sus pies ante la estufa para calentarlos, pero en ese momento la llama se apagó y la cocina desapareció.
Se quedó allí sentada con sólo un pedacito de cerilla quemada en sus manos.
Encendió otra, y vio que en una enorme mesa estaba puesto un pavo asado, con un tenedor y un cuchillo a los lados.
Encendió una tercera, y se encontró sentada debajo de un hermosísimo árbol de Navidad.
Era aún más alto y más bonito que el que había visto la última Nochebuena, por las enormes ventanas, en casa del más rico de su ciudad.
La pequeña levantó los dos bracitos. . . pero entonces se apagó la llama. Todas las luces se le alejaron.
Encendió una nueva cerilla y, esta vez, apareció la anciana abuelita de la pobrecilla, dulce y cariñosa.
— ¡Abuelita! — gritó llorando la pequeña:— ¡Llévame contigo! Sé que te irás también cuando se apague la luz, igual que se fueron la estufa, el asado y el árbol de Navidad.
Se apresuró a encender las cerillas que le quedaban para no perder a su abuela;
y las cerillas brillaron con luz más clara que la del día. Nunca la abuelita había sido tan alta y tan hermosa; tomó a la niña en el brazo y se fueron hacia el cielo. La pobrecita ya no sentía frío, hambre ni miedo.
En la esquina de la casa, la fría madrugada descubrió a la chiquilla, roja la carita, y la boca sonriente. . . Muerta, muerta de frío en la última noche del Año Viejo.
2016/8/14 11:30:50
2016/8/16 17:33:19
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