2016-03-30
El alfiletero de la anjana
En Cantabria hay unas brujas llamadas anjanas, que poseen grandes poderes y que premian a los buenos y castigan a los malos.
Y también hay una especie de brujos que sólo piensan en hacer daño a la gente y se llaman ojáncanos, porque tienen un solo ojo en medio de la frente.
Los ojáncanos viven en cuevas y son enemigos de siempre de las anjanas.
Un día, una anjana perdió un alfiletero que tenía cuatro alfileres con un brillante cada uno y tres agujas de plata con el ojo de oro.
Una pobre que andaba pidiendo limosna de pueblo en pueblo lo encontró.
pero la alegría le duró poco porque en seguida pensó que, si intentaba venderlo, todos pensarían que lo había robado.
Así que, no sabiendo qué hacer con él, resolvió guardarlo.
Esta pobre vivía con un hijo que la ayudaba a buscarse el sustento, pero un día su hijo fue al monte y no volvió, porque lo había cogido un ojáncano.
Desconsolada al ver que pasaban los días y que su hijo no volvía.
La pobre siguió pidiendo limosna y guardaba el alfiletero en el bolsillo.
Pero no sabía que al hijo le había cogido el ojáncano y lo creyó perdido y muerto y lo lloró amargamente, pues era su único hijo.
Un día que andaba pidiendo, pasó ante una vieja que cosía.
Justo al pasar la pobre, a la vieja se le rompió la aguja y le dijo a la pobre:
-¿No tendrá usted una aguja por casualidad?
La pobre lo pensó durante unos momentos y al fin le contestó:
-Sí que tengo, que acabo de encontrar un alfiletero que tiene tres, así que tome usted una -y se la dio a la vieja.
Siguió la pobre su camino y pasó delante de una muchacha muy guapa que estaba cosiendo y le sucedió lo mismo y le dio la segunda aguja del alfiletero.
Y más tarde pasó junto a una niña que estaba cosiendo y ocurrió lo mismo y la pobre le dio la tercera aguja.
Entonces ya sólo le quedaban los alfileres del alfiletero.
Pero sucedió que un poco más adelante se encontró con una mujer joven que se había clavado una espina en el pie y la mujer le preguntó si no tendría un alfiler para ayudarla a sacarse la espina y, claro, la pobre le dio uno de sus alfileres.
Y todavía volvió a encontrarse con otra muchacha que lloraba con desconsuelo porque se le había roto la falda de su vestido, con lo que la pobre empleó sus tres últimos alfileres en recomponer la falda y con esto se quedó con el alfiletero vacío.
2016/3/31 13:35:07
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